Archivo para noviembre, 2011

ANTINFERNO (II)

-actualmente dandole vueltas-


ANTINFERNO (I)

-ACTO PRIMERO-

                                                        ” Ahora siento las cosas normalmente. Pero en unas horas atrás no recuerdo más que secuencias. Sí, secuencias es la palabra adecuada. ¿Como explicar? Bien: he vivido momentos no se donde. Tampoco se decir si deseo llamarlo vivir porque no ha sido exactamente eso, pero, sin embargo, estoy vivo y significa, que yo sepa, que lo estaba hace un rato también. Aunque en realidad no puedo demostrar que no haya resucitado. Por lo que entonces he estado muerto.”

                                                                               -Hombre sobre el que se ha puesto el Sol-

1.- Los mártires del cañamo.

                Bautizado como fármaco de paz, el cannabis es una de las plantas más queridas, laureadas y universales de nuestro entorno y cultura. A causa de ello, se ha visto inmortalizado en multitud de textos, tratados, estudios, himnos, guias de viaje, debates, simposios, asociaciones defensoras, mitos y demás literaturas que amablemente conformaban un corpus cannabicum.

                            Aunque un porcentaje muy elevado de las obras hablaban de las virtudes y maravillas de la planta, una creciente rama del conocimiento no dudó en demonizarla. Aparecían algunos escritores, articulistas y científicos que condenaban la sustancia como lobo con piel de cordero. La describian como una especie de sirena homérica que con su dulce y embriagador canto no pretende sino devorarnos, destrozarnos y desterrarnos a la locura.  Aqui tenemos un ejemplo de la bipolaridad (antiguamente llamada dualismo) que comentabamos en el preludio.

                                           Como el que no quiere la cosa, los dos extremos del debate se convirtieron en similares puntos de vista. Unos demonizaban la planta y otros demonizaban a los demonizadores. De manera que los defensores de la magnificencia del cannabis comenzaron a acusar a los anticannabis de  tiranos, desalmados, gente alejada de la unidad o de la mística y en definitiva ciegos e insensibles. La respuesta de los prohibicionistas y anticannabis acabó siendo la misma postura que frente a otras sustancias. Así se defendieron etiquetando a los consumidores de adictos, enfermos, víctimas y demás apellidos sociales.

                                               De esta manera, en mitad del fuego cruzado, los bandos se van consolidando y  jerarquizando para no perder posición en lo que ya es a todas luces una batalla.  O estás con la planta o contra ella. O dices sí o dices no.

                                    Como cabía esperar muchas personas tuvieron que decidirse por un bando inmediatamente. Así por afluencia a los distintos bandos de personas de diversos estratos sociales las posturas cada vez se fueron haciendo más radicales y concentradas.  Bajo esta circustancia ni que decir tiene que la autoexperiencia, la voluntad, la curiosidad, la exploración y otras otras muchas vivencias necesarias para el que se adentra en una sustancia, quedaban excluidas El cannabis o te sienta bien o mal. Asi de sencillo lo expresan la mayoria de consumidores. Sin matices o nuevas interpretaciones. No. O al cielo o al infierno.

                                      Gracias a esta unidimensionalidad aparecen los mártires del cañamo.

2.- El instinto botánico.

                    Desde los albores, tanto en lo documentado como en lo transmitido de unos a otros, hay un reflejo en el ser humano paralelo al de la succión. Éste es la ingesta de plantas. Estas plantas han sido alimento, remedios, venenos, materiales, deidades, vehiculos, abrigo y combustible. El hombre ha encontrado en las plantas una forma de comunicación e interpretación de su entorno. Desde el que se alimenta hasta el que se comunica con los dioses.  Y en muchas ocasiones una misma planta podía ser todo lo anterior dicho, normalmente segun el empleo. Y la dosificación.

                           Una de las plantas más ligadas al hombre ha sido y es el cannabis. Bajo diversos nombres y en culturas distinas pero en definitiva con una relación similar en todos sitios y épocas. En nuestra actualidad y sociedad, sigue identicamente presente pero condenada a la discordia anteriormente comentada. Es a la vez un vicio y un pacificador. Buena y mala.

                             Una persona cualquiera, empujada por su instinto y mil factores más, acaba relacionandose tarde o temprano con el cannabis. En base a sus primeras experiencias, impulsivamente, por causa de lo conocido por textos o amigos o el ministerio de sanidad, se posicionará en un bando de la reyerta. Si le sienta bien, se rie a carcajadas, se siente hiperestésico y en paz, lleno de hambre, etc, será un nuevo defensor y consumidor. Si le sienta mal, le horroriza, etc, será otro detractor implacable. En cualquier caso, primeras experiencias aislan de una visión de conjunto. Y esto es el resultado más lejano de lo que fue la intención que promovió la relación del hombre con las plantas  y en este caso con el cannabis. Es puro fanatismo.

3.- Llamémosle X.

                             Hace un tiempo encontré un texto ( Aqui podeis leerlo: http://www.facebook.com/photo.php?fbid=207812882605446&set=a.179035445483190.58650.149062961813772&type=1 ). Se trataba de ciertas reacciones por consumo de sativas. Una de las cosas que me llamó la atención fue la inclusión de descripciones de alteraciones mentales entre el repertorio  de una forma desdramatizada. Entre los textos o la mitologia urbana del cannabis hay muy pocos casos en los que el emisor no se posicione radicalmente en uno de los extremos. A partir de aqui, un determinado grupo de usuarios, bajo ciertas circunstancias, se convierten es marginados.

Existen varios modos de acabar en esa situación para la persona que tiene una o varias malas experiencias con la sustancia. Por una parte, los usuarios que consumen en grupo, en muchas ocasiones, tras abandonar el consumo por una mala experiencia se sienten excluidos y alienados de ese grupo. Sus anteriores compañeros de consumo seguiran defendiendo que es una sustancia inofensiva, le haran en ocasiones sentirse culpable por tener esa mala experiencia. Mediante recriminaciones y desinformacines lo convenceran de que el problema era él, hasta tal punto en el que  algo bueno le hizo daño. Esta persona puede sentirse rechazada y expulsada de las dimensiones místicas que sus compañeros aun disfrutan. Por eso hay sujetos que continuan consumiendo pese a no sentirse bien solo por continuar en ese grupo.

Por otra parte tenemos consumidores más apasionados. Aprendices de brujo que con más o menos atino se adentran en distintas sustancias más o menos visionarias con la intención de aprender más sobre ellos mismos y el mundo. Este sector suele estar más informado por lecturas de diversas índoles. Chamánicas, descriptivas, científicas, etc.. Igualmente se sentiran marginados y excluidos tras la mala experiencia, ya sea porque sus sensaciones no coinciden con las de el psiconauta de turno (textos procannabis) o porque buscando una explicación más mundana,con la intención de obtener un diagnostico que convierta su problema en algo definido y solucionable se encuentren conque lo que les ha ocurrido se considera y se trata como una patología grave, generalmente de corte psiquiatrico (textos anticannabis).

En ambos casos se suele archivar lo vivido en el nefasto cliche del “mal viaje”, un termino que  sin ningun fundamento se toma la libertad de convertir una experiencia que se escapa a los conceptos y los sentidos en algo bueno o malo. El individuo que tiene una mala experiencia o muchas y que renuncia definitivamente a la planta se siente culpable y arrepentido. Se le trata en los circulos de consumidores como alguien inferior o más debil. Alguien menos capacitado para ciertas experiencias, que no está a la altura. En definitiva alguien inferior a los que no han tenido malas experiencias. Y la existencia de esta forma de malestar cultural tambien radica en la sobrepolarización. Una inmensa cantidad de publicaciones de los afines al cannabis son puro panfletismo; así como una inmensa cantidad de publicaciones de los detractores son basura alarmista.

Dicho esto, en la tercera y última parte expondre el método por el cual estos mártires podran reconciliarse con las sativas con el fin de formar su propia opinión de ellas y así poder tomar una postura que en cualquier caso convertirá la supuesta “mala experiencia” en aprendizaje y aceptación. Quiero demostrar mediante sus propias herramientas que ambas posturas están equivocadas.