REGENERATIVE EFFECTS OF FRACTAL´S HOLE

Comenzando como una alternativa a los esteroides en los años ochentas, como otra de esas eclosiones del grupo humano para dar “libertad condicional” a sus limitaciones druídicas y chamanescas, una especie de “pseudociencia” (el nombre es de occidente no mío) ha ido minando de una manera sutil y silenciosa la barrera interpuesta entre la ciencia y las conciencias. Se trata de la Homeopatía. A estas alturas, lo que en su momento se confundiera aun con quiromancia y brujería, no nos parece más que una respuesta palpable más sencilla, como depositaria de costumbres arcanas, que pretendia sanar su alrededor prescindiendo de la chatarra neo-industrial. Su nombre en traducción jesuitica reza así: “similar sufrimiento” para los griegos; y en traducción libre para mí: igual dolor.

1.- El presente.

Epicuro dijo que solo cabe temer el dolor que acompaña al acto de estar vivo. En una sociedad untada de tranquilizantes, antitusivos, analgésicos y diagnósticos, se consigue o persigue implantar el parche antes de que salga el grano, e incluso redefinir el concepto de grano-enfermedad con la eterna mascarada del revisionismo. Y en este mismo teatro del desequilibrio,  la homeopatía trata de combatir los supuestos males  sin ayuda de panaceas petroquimicas. Se basta con una confrontación al mismo nivel con el otro lado del espejo. Se trata de unidad.   Pretende recordarnos que la salud es una cuestión de ciertos equilibrios y ordenes unitarios: tanto del aspecto humano como del aspecto más abstracto. Y todo mediante un proceso de penetración solemne, a nivel incluso subatómico, del recipiente humano. Y esto no solo por sus dosis que decrecen bajo leyes de sutileza, sino porque de una manera coincidente comparte determinados caracteres con prácticas cuanto mínimo “medievales,” para escarnio de la comunidad científica. Todo ello completado por un rebaño obediente que haría las delicias de cualquier pastor de almas. Tristemente, a un nivel bastante desagradable, se demuestra que pequeños placeres mantienen al sujeto distraido de grandes placeres. Y eso puede llegar a ser fragmentación y desidia según el contexto elegido para juzgar lo cotidiano.

2.-Samuel Hahnemann, Epicuro y Demócrito.

Este cientifico de muchos siglos después de aquellos hedonistas, tiene la idea de que para combatir un mal o una sustancia en algún cuerpo hay que hacerlo exactamente “con los mismo”. Y aunque esta explicación es lo más inxacto no hay por qué alarmarse. Cualquiera de nosotros tiene una tendencia intuitiva hacia la insigne idea suprema del equilibrio y en cierto modo es el punto de partida de la homeopatía.

                            Samuel no conoció a Epicuro, quién ya tenia una idea muy similar a la regla de la homeopatía.  El problema es que todo este pensamiento epicúreo queda aborrecido y pisoteado por la institucionalización de la sociedad al completo, que les dejó poco menos que la eterna etiqueta de sectareos de comuna. Por otra parte, Samuel tampocó conoció la inmensa colección de escritos que Demócrito dejó  arder, como todo lo interesante, en la Biblioteca de Alexandria. Y seguramente también hubieramos reflexionado en cómo un divisor de la realidad en partículas y átomos se pueda considerar (creo) uno de los más clarividentes unicistas de la historia del pensamiento…  Tiempo al tiempo.

La homeopatía defiende recientemente una relación no facilmente catalogable entre ciertas substancias y cuerpos, o ánimos, o estados de salud, o dolencias;  en una proporción exacta y fulminante, como si de algún tipo de imán se tratara, y con una jugosa base “racional” que se muestra como puro sincretismo de la variedad en la historia, deleitandose en compendiar y reunir todo lo accesible de esa memoria, en lugar de trazar fronteras intelectuales. Y dejando de lado a los más radicales, que solamente critican asfixiados en positivismo, no nos referimos a flores, minerales, el soma, o cualquier tipo de cataplasma o filtro, no. Me refiero a que la practica homeopática lleva a cabo mediante trasmisión de equilibrio ( a través de muchos y diferentes canales) los microcambios que operan a nivel invisible en el ser humano. Por supuesto que esto suena absolutamente a disparate para según quién, pero nadie que base su método curativo en la simbiosis, como es el homeópata, se vende a una planta, o flujo, o mineral. Cualquier experto en ese campo sabe perfectamente que juega, cura, seduce, confunde, ilumina, ataca, destroza e incluso, si hace falta, humilla a su paciente en un claro ejercicio de reciprocidad y empatía.  “Tengo que provocar en mis pacientes el estado que les permita construir su propia curación” diría uno de ellos.

3.-La praxis. La dosis. La duda. La corriente.

En los últimos años he conocido a mucha gente que estaba hablando de su homeópata como en los setenta se hablaba de los psicoanalistas. Son otra forma de secularización estética del compendio festifo y ritualístico. Otra forma de entrenadores personales como los yoguis y fakires de gimnasio que con la condición de que lleves tu toalla y tu botella de agua están encantados de iluminarte junto a las bibicletas estáticas y las cintas andadoras.  Y me da pena observar que el 80 por ciento de esos supuestos “homeópatas” no disponen de ningún tipo de formación o interes real o riguroso sobre lo que hacen.  Simplemente prometen milagros para dejar de fumar, para adelgazar y para alivio de depresiones instantáneas que más bien pudieran llamarse flirteos de mediana edad. En cuestión de diez o doce meses, no había una sola farmacia o parafarmacia o herbolario que no alardeara en los carteles de tener servicio de homeopatía, acupuntura, aromaterapias, enlodamientos, champú Zen, Pilates y tortas de arroz integral. Como si el hecho de la práctica homeopática fuera solo una diferencia en el producto que expenden en sus boticas. Una rápida partida de productos que no conocen, un par de manuales tipo test de diagnostico en 30 segundos y unos slogans de autoayuda inexactos pero morbosamente cargados de exotismo.  Pero en esencia el lugar es el mismo solo preparado para dos tipos de clientes que son el mismo.  Que eres una persona tradicional, que confia en la ciencia y en la robótica… pues Nolotil. Que eres un alma de mariposa libre, comprometida con mantener el planeta verde y húmedo… pues spirulina. Lo que marquen las tendencias.

4.-Casuística: la prensa amarilla de la jurisprudencia.

Kent                        Como está claro, no voy a dar aquí una colección de intimidades para ejemplificar la validez de este arte. Y, por otro lado, lo voy a hacer sin necesidad de dar detalles concretos o nombres de diluidos compuestos. Voy a hablar de un detalle que no me gustaría quedase en un segundo plano. Se trata de que pienso que hay un hilo conductor o leitmotiv en todos los tratamientos homeopáticos. Se trata de la previa reparación del equilibrio alma-cuerpo como único punto de partida posible para superar cualquier dolencia o similares. Ya sea física, psíquica o espiritual. Porque el homeópata no es normalmente el que echa las cartas ni el que lima los callos. Es la versión moderna de Teseo en el laberinto con la intención de ecualizar nuestra raiz interior. Nuestro polvo mitológico. Nuestro ser.

Una parte, supongo cada vez más pequeña, de la comunidad cientifica se conforma con decir que ese tipo de mejorias no son más que placebos. Brillante explicación para los acérrimos del empirismo y la verdad ciega, deshumanizada y deductiva. Cada una de las pegas a esta práctica, que sorprendentemente compendia la sabiduría cuidadosamente intuitiva de la medicina universal, no parece mas que una distancia insalvable entre los que definitivamente han reducido nuestra psique a partículas; Nuestros estados de ánimo a patologías; Nuestros cuerpos en recipientes defectuosos alejados de los cánones…  Y es que está claro que según qué experiencias no son para todo el mundo. Por la simple razón de carecer de interés el tradicionalista por todo aquello que se escapa a la percepción directa y sensitiva del mundo. Y sí, la homeopatía actuando, hay que ser no ya capaz de percibirla como algo complejo reservado a místicos, psiconautas e iluminados, sino que hay que sacarla del interior. Permitirle que aflore. Permitirse la introspección y la confianza perdida de que las soluciones no son más que ópticas distintas de los “problemas y calamidades de la vida.” Hay que por un momento enfrentarse a uno mismo, ser capaz de escuchar los mensajes del propio cuerpo.

Cuando estamos a disposición del maestro y aprendemos de su humildad y su firmeza, cuando nos abrimos a él y él a nosotros, cuando hay realmente un contacto mas allá del saludo…en ese momento justo comienza la sanación. Incluso Hipócrates decía que curarse era despertar las ganas de sanar de nuestro interior: una forma de voluntad. Y con mucha suerte podemos decir que tenemos entre nosotros a un maestro que en definitiva demuestra el peso de esa reciprocidad.  A un espejo para encontrar nuestra razon para sanar. Y por supuesto a toda la gama de hierbas y sustancias que hayan puesto en este planeta para abrir mas canales de comunicación y de cohabitaciíon. Para recuperar nuestro espacio numinoso siempre tan presente pero tan excluido.

                           En una era llena de pensadores depresivos y tecnócratas que buscan solucionar unos males que bastaría con que dejaran de promover,  satisface la contemplación de cada vez más gente que  busca una salud no solo en su cuerpo ni en su mente en un sentido psiquiatrico. Buscan su unidad, su aceptación y su autoconocimiento. Maravilloso tiempo para incinerar prejuicios tan bochornosos como los prestados y diseñados.

Y esa es la prueba, para concluir, del sistema fractal presente en nuestras sociedades, familias, ciudades, conciencias y destinos. La salud de todos es la de cada uno, porque en la resonancia que sostiene el universo, hasta ahora al menos, todos somos una onda más, responsable de la afinación total.

Con esto he querido expresar una reflexión sobre la homeopatía y las increibles posibilidades que esconde para beneficio de todos.

Disculpad los errores pero soy más cobaya que otra cosa en este mundo. La parte contundente se la dejamos a Fran. Todas mis conclusiones son fruto de las charlas fugaces con cigarrillos y alguna que otra excursión psiquica.

Especial agradecimiento y dedicado a Frank, Parafarmacia Alpujarra.

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3 comentarios

  1. Kerouacs

    Yo remataría esto con una segunda parte, porque en la parte centrada en los fractales es practicamente superficial lo explicado. Hazte un favor a ti mismo y acaba de explicar lo que traes entre manos. Saludos

    agosto 8, 2011 en 2:35 pm

    • Peus hasta tienes razón Kerouacs. Todavía me pongo aunque sea por darte por saco. Pero sin aclarar ciertas otras cosas no me fue facil centrarme en lo fractal sin introducir otras premisas realmente básicas para darle el mínimo sentido a lo posterior. Quien sabe, no tengo nada que hacer la mitad del tiempo. si me zumba lo remato; si no, imaginate el resto. Un saludo.

      agosto 8, 2011 en 2:40 pm

  2. morti

    tu joues toujours

    enero 15, 2012 en 1:35 pm

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