THE GRAY FLANNEL SUIT

Mansul Ab-Zaqqaq

De entre una gran cantidad de personas dedicadas al noble arte de la demagogia y la impostura, solo unas pocas poseen la estructura mental y el daimon para embestir medios mundiales con la cornamenta epistemológica de la gran charada. Toma galimatías.

1.-Dos serpientes enroscadas en un palo.

Ya es suficientemente antigua la historia de un jesuita ultrareputado, que se marchó de misiones al amazonas y se le dio por perdido en un estuario, cuando bendecía todos aquellos reductores de cabezas con sacramentos omnipotentes. Algunos años después se descubrió que, mimetizado en aquella tribu de salvajes, no solo contaba con buena salud y beneplácito de sus cuidadores, sino que había alcanzado puestos de tanta importancia como coadjutor del chamán, e incluso se le consideraba un potencial sucesor al cargo cuando el subsodicho astral-sanador pasase a mejor vida.

Con las fiebres expedicionarias que asolaron aquel medio, el idilio mesiánico del jesuita se vio destruido y bajo el reclamo de la prensa y sus hermanos prometidos en la adoración de S. Ignacio, volvió a nuestras civilizaciones occidentales para una misión evangelizadora aun más necesaria que la de la selva. Se trataba de cambiar el taparabos por un turbante y dedicarse a espiar, para gloria de su orden, las acciones y desacciones que los derviches y otros sufis desarrollaban entre giro y giro.

Dispuesto a recaudar nuevas técnicas de abstraccion, partió andando hacia los orientes de las viejas leyendas, en busca de autenticismo y nuevos estuarios en los que ahogarse supuestamente para la vida pública y sus superiores. Con promesas de redención y viejas figuras de la vida ascética, se vió privado de alimentos y demás nutrientes indispensables quedandose a merced de lo que él llamaba la fuente total del universo. Fue una casualidad que desfallecido tropezara otro trotadesiertos con él y lo recogiera y cuidara como un hijo en uno de esos parajes donde tampoco son bienvenidos los occidentales con sus camaras ni los nationalgeographicosos con ropas de color caqui. Estrictamente, este buen samaritano era Mansul Ab-Zaqqaq.

Monasterio de Sumela

Mansul le enseño el idioma para empezar con una montaña de textos exclusivos sobre técnicas meditativas y leyes éticas de primer orden en cuanto a trascendencia se refiere. La fiebre de Mansul por hacer del moribundo un sabio superior crecia con la velocidad que lo hacía la capacidad en cuestión del jesuita desfallecido para con las enseñanzas supuestamente tan complejas y privilegiadas.

Conforme el jesuita se hizo con el idioma, la sorpresa de Mansul fue atroz, al convertirse paulatinamente en alumno de las enseñanzas quel jesuita-chaman le brindaba, todo extraido de cuentos, leyendas y vivencias de la época amazónica del superviviente. Y a base de hordas de paciencia y tranquilidad mutua para aceptar replicas de pensamiento, sus vidas se convirtieron en un idilio dialógico que daría como fruto un nuevo sistema de pensamiento mitad sufi mitad de la tradición chamanica.

2.-Alter-egos.

Algunos años pasaron por alli en Sumela. Inviernos meditativos y sofocantes jornadas estivales de dikes y rosarios de cuentas. Con muy pocas visitas de algunos despistados que andaban buscando aun al kutu con el nombre equivocado y las coordenadas erroneas. Las prácticas chamánicas permitieron que Mansul aguantara ciertas enfermedades de las que tambien se llevan a los seres espirituales, una vez más, sorprendidos de quela ceniza en un supuesto momento, no lo fuera tanto. En fin…

Los viejos medios, que supuestamente llevaron al jesuita a los brazos de Mansul, ahora lo volvían a buscar por entre todas las dunas de oriente y en el equipaje de cada caravana de beduinos. Un mito que ya fue muerto y resucitado ahora parecia vuelto a perderse y la opinion pública buscaba una cuarta venida del más alla. Y los hijos de S. Ignatius más de lo mismo. Por despecho.

Jesuita

Los secretos en los desiertos duran poco y bajo precios y morbos de recompensas por dar con el ditirambo reincidente, es facil que cualquier aldeano le sople a una radio donde se encuentra al-janduli-la-leando cualquier evadido de sus obligaciones. Y de esta forma tan patética es como se despierta la absurda recta final de esta plasta.

Grand Finale

En esta parte de toda buena investigación es cuando todo lo expuesto con cuidado y selccionado con rigor nos expulsa a un vortice de versiones para rematar los clavos del taburete. Y el idilio de dos solitarios misticos es bastante para soltar la imaginación.

Lo más creible es que para cuando quisieron llegar a Sumela en busca del jesuita, este sencillamente no estaba. Así de claro. Les recibió un Mansul que a día de hoy vive y les explicó con todo lujo de detalles y la pena de su corazón, como su compañero de viaje se había marchado una mañana sin decir más a seguir con otro de sus viajes peregrínicos que le acababan dejando siempre medio muerto. Los jesuitas y las prensas del orbe se dieron por satisfechas con aquella aclaración y asumiendo que el jesuita podía haber muerto en cualquier sitio de meditación, o helado en los Himalayas o ahogado pescando hombres.

Mas años más tarde un prometedor estudioso de las migraciones y el trapicheo de santos entre religiones dió con la verdadera respuesta al enigma. Dio con el cuerpo del jesuita. No estaba enterrado ni descompuesto. Estaba vivo y coleando en Sumela y responde al nombre de Mansul Ab-Zaqqaq.

Él fue quien le dijo a los jesuitas que se habia marchado. Porque ocupó el puesto y la persona de Mansul al sacrificar a este. Según le contó, Mansul no aguantaba la vida con aquellos dolores y viendo ambos lo que se les venia encima con la separación, las masas en Sumela y las fotos de los cojones decidieron ayudar a morir a Mansul, incinerarlo y convertirse el jesuita en Mansul.

Esto es todo. En memoria de aquellos del omnea mea mecum porto…


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